Diversos son los peregrinos socios de AELEM, que han echo el Camino de Santiago, en su totalidad o por partes, una o varias veces, algunos afectados y otros familiares de diagnosticados, pero todos ellos coinciden en algo, el Camino es una experiencia única e irrepetible, por muchas veces que se haga, SIEMPRE, es distinto; desde aquí te animamos a que te prepares, lo planifiques y lo realices a tu ritmo. No te obsesiones con la meta. Aprende a disfrutar de la senda, a veces cómoda, a veces empinada. Respeta y hazte respetar. Comprende y consuela a los que tiran la toalla, que también los hay. Y cuando las llagas afloren en tus pies, las piernas te flaqueen o te empiece a doler la espalda, piensa que sobre tus mismos pasos, otros muchos sufrieron antes que tú. Cuando llegues al destino, probablemente suspires de satisfacción y cuando mires hacia atrás recordarás todo lo bueno que has visto y te ha sucedido. Y cuando, aunque por un solo instante pienses en ti mismo, probablemente descubras que ya no eres el mismo.
Aquí te dejamos la entrevista que le hicimos a Daniel Orta.

¿Qué te motivó hacer el Camino? El principal motivo para realizar este reto fue una promesa que le hice a mi familia con motivo del proceso de la solicitud de la incapacidad permanente para mi mujer. En realidad tenía pocas esperanzas de conseguir esta incapacidad, a pesar de su EM, por su edad y porque aparentemente muestra un estado de salud estupendo. De ahí que le prometiera a mi familia, y al Apóstol, hacer el Camino si le concedían la incapacidad... y así fue. Además, ¡a la primera! Fue una noticia extraordinaria y además ha supuesto un punto de inflexión importándoseme para la tranquilidad de mi mujer y, sobre todo, para poder centrarse en ella para mejorar su calidad de vida.
Por supuesto que el reto físico y mental también suponía una motivación adicional, dada la distancia y el escaso tiempo para realizarla, así que si a la promesa unimos el reto personal, la motivación para la realización del Camino era enorme.
¿Qué recorrido hiciste y en cuanto tiempo? La promesa era realizar el Camino. El as que me guardaba era que no dije ni en cuanto tiempo, ni desde donde... ni tan siquiera cuando hacerlo. Pero como el resultado del proceso de la incapacidad fue tan bueno y tan rápido, me sabía mal andar con excusas y malas justificaciones. Tenía que ser honesto y responsable con la promesa hecha y al final me decidí por hacer un recorrido importante y de forma completa. Tras darle muchas vueltas al recorrido definitivo (dudaba entre el Camino Francés, el Camino del Norte o el Camino de Madrid), finalmente me decidí por el Camino con más solera y el más transitado: el Camino Francés, desde Roncesvalles (Navarra). Esto suponía hacer esta ruta por todo el tramo comprendido en territorio español, ya que la etapa previa a Roncesvalles parte ya desde territorio francés.
En total mi cuentakilómetros contó un total en ruta de 773 Km., realizados en 50 horas y 35 minutos rodando por todo tipo de terrenos, el 95% por caminos y senderos, pero también por algún tramo en carretera, tramos urbanos, adoquinados, etc., y sufriendo todo tipo de inclemencias climatológicas: desde el calor extremo del mediodía en las llanuras castellanas, hasta los 5ºC con lluvia y viento a 1.500 metros de altitud por los Montes de León y de Galicia. Pero si además sumamos a estas 50 horas pedaleando el tiempo en ruta destinado a comida, fotos, visitas, etc., salen unas cuantas horas más.
¿Qué te decía la gente que te ibas encontrando? Hacer el Camino en bici es completamente diferente a hacerlo andando. El peregrino a pie hace un viaje mucho más tranquilo, sosegado y sobre todo social porque por lo general se van formando grupos de gente que más o menos hacen las mismas etapas y los mismos recorridos, porque las diferencias en el ritmo son mínimas. En bici es diferente porque las distancias por etapa son más del triple (mi media por día eran casi 80km mientras que andando puede rondar los 20-30km), por lo que se hacen kilómetros de una forma más rápida, conoces a más gente en número pero la relación es muy fugaz. Esta rapidez supone también un cierto "peligro" para los peregrinos a pie, porque al final el peregrino en bici puede suponer en ocasiones un riesgo importante por esta velocidad, por lo cual es esencial saber comportarse correctamente en la bici, avisando con antelación tu llegada a los peregrinos a pie y siendo muy respetuosos con todos ellos. Ir andando a un ritmo más lento te puede llegar a aislar en cierta medida dentro de tus pensamientos y en tu mundo interior y en muchas ocasiones lo último que se esperan es que un ciclista les pase casi rozando a 40km/h en una bajada. De ahí la importancia de ser extremadamente respetuosos con todos los peregrinos, pero muy especialmente con los que van a pie.
Pero a pesar de esta rapidez, por supuesto que el Camino te permite conocer a muchísima gente, muchos de ellos extranjeros (hay mucho europeo y mucho asiático fanático del Camino). Es una oportunidad fabulosa para conocer gente, otras culturas, practicar algún idioma oxidado, etc. Sueles comer o cenar con otros peregrinos y durante ese periodo aprovechas para contar los motivos que te han llevado allí, las experiencias de la ruta, la ruta prevista para el día siguiente, los sitios visitados, etc. Los peregrinos a pie aprovechan para recordarte la importancia de que los ciclistas avisemos con antelación... y sobre todo, la frase estrella del Camino que no dejas de repetir cada vez que te cruzas con otro peregrino: el saludo del peregrino... el famoso ¡BUEN CAMINO!
¿Repetirás?Aún tengo muy reciente la dureza del Camino tal y como lo hice yo, de ahí que hoy por hoy me haya quedado suficientemente satisfecho como para volver a repetirlo. Realmente ha sido un reto muy duro y ya no sólo desde el punto de vista físico, que lo es, sino también desde el punto de vista mental. En mi caso han sido 10 días rodando prácticamente solo. Coincides puntualmente con otros ciclistas, pero casi la totalidad de los 773 Km. me los hice sin compañía de nadie y muchas veces es duro no llevar a nadie cerca que te sirva de apoyo, por lo que el reto mental de ir pedaleando tantas horas, ver que el terreno se endurece, que los km. no pasan y que tras varios días pedaleando sin parar aún te vas encontrando señales que te indican que hasta Santiago faltan 540km más, se hace realmente duro. Tanto que en muchas ocasiones te dan ganas de dejarlo todo, cogerte un taxi y volverte a casa. Pero hay algo, y ahí está el reto mental, que al final consigue tirar de ti y tratar de seguir un poco más. Y otro poco más. Y así hasta llegar a completar todo el recorrido. Son muchas horas pensando en tus cosas y tratando de mantener una actitud óptima y positiva para seguir adelante.
¿Que si repetiría? No lo descarto. Pero lo que tengo claro es que lo haría en un plan muy distinto: o bien desde Roncesvalles pero con más días, para poder disfrutar más del Camino tomándote más tiempo y etapas más cortas, o bien desde un punto más cercano, posiblemente cerca de León (Sahagún, Astorga, Ponferrada, son otras opciones), porque la distancia es más corta y sobre todo porque es el tramo más espectacular por la belleza de sus paisajes.
¿Lo recomiendas? Totalmente, pero insisto que en un plan mucho más tranquilo. Y si se quiere disfrutar y saborear con más detalle, lo recomiendo a pie. Es muy, muy social de esta otra forma. No obstante, para los que nos gusta también el reto físico y deportivo, la bici es lo ideal. Además también hay opciones (muy recomendable) de empresas que se dedican a transportar el equipaje, de forma que te permite disfrutar del Camino sin la pesada carga de una mochila de 15kg a la espalda o de unas alforjas en la bici de un peso similar. Las opciones son múltiples y se pueden ajustar casi a cualquier circunstancia. Pero es algo que desde luego yo recomiendo a todo el mundo, al menos, una vez en la vida. Aunque sea una única etapa... y como engancha, seguro que luego vendrán más.
Lo que más y menos te ha gustado. Lo que más, el Camino en sí y lo que implica: recorrer España de punta a punta por caminos y pueblos fantásticos, disfrutando del paisaje, de la gente, de la comida... Todo en un ambiente místico que te permite centrarte y enfocarte sólo en ti, dedicándote tiempo para pensar, para equilibrarte interiormente. En lo que se refiere a la ruta en sí, el Camino Francés tiene dos tramos especialmente bonitos: el primero desde Roncesvalles hasta prácticamente Logroño, y el segundo que empieza aproximadamente desde Astorga hasta Santiago. El resto también tiene su encanto, pero estos dos tramos, especialmente el último, son una delicia para la vista.
Lo que menos me ha gustado es la dureza de algunos tramos, sobre todo para ir en bici: pendientes imposibles por senderos empedrados que te machacan tanto física como mentalmente. Aunque durante todo el Camino Francés tienes constantes subidas y bajadas, salvo en el tramo castellano entre Burgos y León, que es prácticamente llano, tiene 3 subidas especialmente duras: el Perdón en Navarra, la Cruz de Ferro en León y la subida reina de O'Cebreiro al entrar en Galicia.
¿Que sentiste al llegar?Cuando llegas a Santiago te das cuenta de la importancia del aspecto mental. Tras 9 días rodando y más de 700 km. en las piernas donde te duele todo, absolutamente todo, es impresionante notar que sólo por ver el cartel que te anuncia que has llegado a Santiago te desaparecen todos los dolores, las molestias y la incomodidad de llevar todo el cuerpo empapado por la lluvia y el barro.
Además, yo tuve el privilegio de tener a mi familia esperándome en la Plaza del Obradoiro y ni os podéis imaginar la alegría y las ganas que tenía de verles, tras tantos días de sufrimiento rodando solo por esos senderos empedrados. Llegar a la Plaza y ver a mi mujer, a mi hija, a mi hermana y a mis suegros con una pancarta diciendo "Papá, lo has conseguido", de verdad que no tiene precio. Es de esos momentos que se te quedan en la memoria para siempre. Llegar con ese recibimiento, sabiendo que has conseguido superar el reto propuesto, con la promesa cumplida, sin ningún problema de salud y sin ningún problema mecánico en los 10 días de ruta, es una sensación fantástica.
Yo ya había estado en Santiago, en la Catedral y viendo al Apóstol, pero os aseguro que del abrazo que le dí al santo ese día seguro que le reduje alguna talla.
Y es que te das cuenta que al final, tanto sufrimiento merece la pena por las sensaciones que puedes sentir al llegar a Santiago. Es una experiencia única.