Edad cronológica versus edad biológica: dos relojes distintos
La edad cronológica es la que aparece en el DNI. La edad biológica, en cambio, refleja el desgaste real de nuestras células: cuánta inflamación acumulada hay, qué capacidad de reparación queda o cuánto estrés oxidativo han sufrido los tejidos1-3. Esto ayuda a explicar por qué dos personas de la misma edad pueden tener cursos de enfermedad muy distintos.
¿Cómo se mide la edad biológica?
En el laboratorio se utilizan varias herramientas complementarias para estimar esta edad real.
- Los relojes epigenéticos analizan patrones de metilación del ADN (pequeñas marcas químicas) que cambian de forma predecible con el tiempo; cuando la edad epigenética es mayor que la cronológica hablamos de envejecimiento acelerado.2,4,5
- La longitud de los telómeros (los capuchones protectores en los extremos de los cromosomas) también es indicativa: telómeros más cortos indican células más envejecidas.6
Además, existen índices compuestos que combinan presión arterial, función pulmonar, marcadores de inflamación y metabolismo para calcular una edad biológica global7. Ninguna medida es perfecta por sí sola; lo útil es ver si varias apuntan en la misma dirección.2,6,7
Mecanismos celulares implicados
Varios procesos del envejecimiento biológico encajan con lo que vemos en la EM:
Las células senescentes dejan de dividirse, pero no mueren, sino que permanecen liberando sustancias inflamatorias que dificultan la reparación de la mielina.8 A esto se añade el llamado inflammaging, una inflamación de bajo grado más constante que aparece antes de tiempo en personas con EM. El sistema inmunitario se comporta como si fuera más viejo de lo que es: menos células nuevas y más células de memoria inflamatorias, fenómeno conocido como inmunosenescencia.3,9
La disfunción mitocondrial también juega un papel relevante: cuando las centrales energéticas de las células fallan, se produce más estrés oxidativo y menos energía para reparar daños, lo que puede aumentar la vulnerabilidad a la neurodegeneración.1,10
¿Hay envejecimiento biológico acelerado en la EM?
En tejido cerebral post-mortem, un estudio epigenético mostró que las células gliales de pacientes con EM progresiva presentaban una aceleración de 3–4 años respecto a controles sanos, lo que puede estar vinculado a un entorno glial crónicamente activado y menos reparador.1,4 En sangre periférica, las células B muestran un envejecimiento epigenético marcado, lo que encaja con la idea de un sistema inmune que adquiere rasgos más envejecidos de lo esperado.5También se han propuesto índices compuestos de edad biológica que, en muestras piloto, sitúan a pacientes con EM como biológicamente más viejos que sus controles de edad similar.7 Telómeros más cortos se han asociado con mayor discapacidad y con la transición a formas progresivas.6,10 Estudios recientes sugieren señales de envejecimiento biológico acelerado en EM desde edades muy tempranas, como en la EM pediátrica, medida con distintos relojes epigenéticos.11
Aun así, hay que ser prudentes: muchos estudios tienen tamaños modestos y distintas metodologías. En conjunto, la evidencia disponible, si bien aún es limitada, sugiere la presencia de envejecimiento acelerado en la EM. Este fenómeno se hace más evidente en las formas progresivas y en pacientes con mayor discapacidad.1,2,5,7
El poder del estilo de vida: ¿se puede influir en ese "reloj"?
Aquí conviene distinguir dos ideas:
- Si el estilo de vida mejora síntomas y funcionalidad.
- Si, además, ralentiza marcadores de envejecimiento biológico.
La evidencia es más sólida para lo primero; para lo segundo es prometedora pero aún en desarrollo.
El ejercicio físico se asocia de forma consistente con mejoras en capacidad funcional, reducción de fatiga y mejor calidad de vida.12,13Además, en un estudio de cohorte con seguimiento prolongado, mantener niveles más altos de actividad física tras el diagnóstico se asoció (en forma dosis-respuesta) con menor riesgo de empeoramiento confirmado de la discapacidad. Esto sugiere un posible efecto favorable sobre la progresión, aunque sin poder demostrar causalidad por su diseño observacional.14
En alimentación, los datos más sólidos señalan que mayor adherencia a un patrón tipo mediterráneo se asocia con menos discapacidad objetiva en estudios de cohortes amplias.15,16 De forma más exploratoria, los ensayos con restricción calórica intermitente, ayuno y dietas cetogénicas sugieren que algunos patrones dietéticos podrían modular perfiles inmunometabólicos en personas con EM, con cambios en subpoblaciones de células T, metabolitos lipídicos y marcadores cardiometabólicos. Sin embargo, la evidencia sigue siendo limitada y heterogénea, por lo que estos enfoques no permiten establecer recomendaciones clínicas específicas más allá de promover un patrón dietético saludable, sostenible y adaptado a cada paciente.17
En cuanto al tabaco, la evidencia es robusta: dejar de fumar ralentiza la progresión de la discapacidad motora hasta equipararla con la de quienes nunca fumaron18
Finalmente, hay que destacar que el sueño reparador y la gestión del estrés también son factores relevantes, aunque su impacto directo sobre marcadores de edad biológica es todavía preliminar.18,19
Mirando hacia el futuro
En los próximos años, los biomarcadores de edad biológica se usarán cada vez más en investigación para afinar pronósticos y estratificar riesgos. En paralelo, se están explorando terapias dirigidas a procesos de envejecimiento para modular o eliminar células senescentes, siendo por ahora enfoques experimentales que no forman parte de la práctica clínica estándar en EM.2,8,20,21 El objetivo es avanzar hacia la posibilidad de vivir más años con mayor autonomía, mejor calidad de vida y menor discapacidad.
Puedes visualizar el atículo en el siguiente ENLACE